La verdad, Diego, tenías razón cuando me insistías todo el tiempo en que tenía que leer a Pauls.
Porque Pauls me ayudó a recuperar algo que había perdido hace un tiempo: el placer de leer. Me hizo volver a mi niñez y mi adolescencia, donde creaba un universo entre el libro y yo y no existía nada a mi alrededor. Soy un poco voraz con las cosas, si algo me fascina, me hago fan y lo leo todo. Al menos lo que está a mi alcance, porque por supuesto factores económicos y editoriales inciden.
Así me pasó con Duras, Yourcenar, Borges, Pessoa, Pizarnik, Sarah Kane, Ana Cristina Cesar y otros que ahora no me acuerdo. Y así me está pasando con Pauls. El factor Borges me fascina, no sólo por la forma en que está escrito, sino porque, hablar de Borges se transforma en un manifiesto sobre la propia literatura de Pauls.
Es verdad que Historia del llanto no me gustó, pero creo que, quizá, y seguramente acá peque de ingenua, el error en el que cae la novela es en que está construida desde afuera, para la academia. Y eso en El pasado no pasa. En El pasado, hay sangre. Sangre en el sentido burdo de la palabra, y, a mi gusto, en Historia del llanto, no. Incluso encuentro que hay "sangre" en El factor Borges, porque en ese libro, veo al menos el intento de construir algo. Y, efectivamente, algo se construye.
Historia del llanto es la historia de un chico con una formación progesista, dicen. Es la justificación que un escritor maduro da por haberse pasado toda su infancia y adolescencia leyendo, dicen. Es la exploración de lo íntimo en su relación con lo político, dice.
Quizá, sea “el intento de narrar la biografía de una conciencia”, a la manera de Proust.
A esta altura, no importa.
Mal que mal, la novela tiene hallazgos, ironías sutiles pero no por eso menos efectivas ("no ha sabido lo que había que saber. No ha sido contemporáneo”). El final, incluso, es excelente, mucho mejor que el final de El pasado, donde el placer se asocia al goce y a la muerte ya que, como dice Pauls "Esa es un poco la cultura de la época: el que está muerto es real. Toda la cultura martirológica argentina descansa en ese supuesto. Como si la muerte fuera una especie de prueba de existencia y le diera realismo a las cosas."
Lo único que puedo decir, es que Pauls se merece el Nóbel. Por más que sea joven, por más que le falte, ojalá lo gané, y yo esté viva para verlo.
Al margen, me están cansando un poco las charlas sobre las nuevas tecnologías y los blogs. No se si aportan algo nuevo. Me da fiaca exponer una posición, porque tampoco sé si tengo una posición tan definida. Por ahora, lo bueno del blog es que me sirve para poner textos como este, escritos directamente en blogger, que más que textos son sumas de pensamientos, sin un final definido, con la idea de poder dialogar con alguien. O al menos conmigo misma, que ya es bastante.
No es una reseña ni intenta serlo. No me voy a ponerme a cuestionar si eso sirve o no.
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