jueves, septiembre 03, 2009

Fin de una etapa

No me voy de este lugar con la resignación de los trabajadores en tránsito
me dejo atar, fascinado por él
a los recuerdos del presente:
cosas que no tuvieron, por definición, un futuro pero que, ciertamente, llegaron a envejecer, pues las dejo a sabiendas de que son, tal vez, las últimas elaboraciones de la política, los caprichos lábiles de funcionarios estatales.

No me voy de este lugar sin haber tenido aquí
un conglomerado de gente y todas las formas
posibles de la saturación
reflotando en almuerzos de oficina.

El edificio dispone de fantasmas artificiales con que llenar los huecos de las horas libres
que ocupan en la memoria, con la naturalidad que ésta se permite en relación a la nada: productos de limpieza + recetas de cocina + maternidad + cansancio. Requisitos
implican necesidad de definirse, como si todo fuera cuestión de procrear.

Como si me retuviera algún recoveco de esta oficina
veo a las paredes, las impresoras, los papeles
que acaban de morir en una vieja comedia
víctimas del capricho de uno de los primeros empleados deportivos (la máquina del glamour)
Sigo sus apariciones y desapariciones.

Como mis propios fantasmas, esos figurines inverosímiles
evocan, de manera en sí misma realista, alguna época acrónica de lo imaginario
Son los antepasados instantáneos de los empleos que provocan
en la inocencia total de sus reencarnaciones o desplazamientos
desde su absoluta lejanía en blanco y negro
El punto final no ocurre en los contratos
sino entre el contrato y la media luz de la sala
un corte insubsanable en que se juntan y se besan el presente y el pasado: formas incompatibles
que ningún jefe puede reunir.

Lo que me ata a este lugar es todavía más irreal que esa que fui cuando entré, que esos que conocí, que las formas de definir una política de estado.
(el placer del ojo en el paraíso de la visión prospectiva)
Haciendo el reconocimiento de cómo es lo que no es un país, de acá a quince años
Este lugar no existe para mí y yo no existo para él
allí, en ese punto en que los tiempos convergen bajo la especie de la Duración
Existe para mí, en cambio, en la medida en que logro destemporizarlo desalojarlo
por unos contrasegundos, de la convención que marca el reloj
la tarjeta metálica de fichado de horario.
Trabajo que Hércules no se soñaba en franca competencia con la Meditación Trascendental
Si yo lo consiguiera, sentiría desaparecer los libros que leí aca adentro, lo poemas que escribí entre expedientes amarillos, el cuadernito Gloria,
pronto a desaparecer, y entre la pantalla y la media luz de la sala
(borrado ya del tiempo el día de mi partida: once de septiembre de dos mil nueve )
Se tocarían como para cualesquiera de los espectadores
— burócratas cansados de tediosa cantinela—
pasado, presente y futuro
en una unidad de medida que reúna esos tiempos incompatibles para ellos y para mí, pero no para ellos: los meros vecinos del regionalismo tecnocrático.
A diferencia mía ellos permanecerán, de hecho, en este lugar, con el aval de sus antepasados a quienes, a lo mejor, pusieron en subasta por unos centavos
y que yo misma adquirí en un contrato de precariedad laboral.

De una memoria de la que mi memoria se hace cargo
en la borrada fecha del cinco de septiembre, mi cuerpo tomará empujón para hacer, en los meros hechos, de algunos expedientes cuyos nombres ya no recuerdo
y de ciertas provincias que nadie volverá a ver
recuerdos sin objeto ni sujeto
Eso en lo que concierte a mi cuerpo, mientras el invisible ciudadano de esos rincones y esos pasillos
tan innotorio como lo son, al fin y al cabo, entre sí
nueve pisos de burócratas
seguirá aquí, delegado por la memoria
que llega a la aberración y toma entonces
no sólo la forma de mi sombra:
mi existencia hecha de algo que se le parezca
Ese doble abrirá en mí un hueco que yo mismo no podría llenar con las anotaciones de mi cuaderno Gloria
No me proporcionará los estímulos a los que necesite responder cuando me pregunten en otros lados por la Tecnocracia y el edificio de nueve pisos
Vivirá en mí de ella, simplemente, como el objeto de estudio de un expediente coadyuvando a que mi vida sea
una versión del plan estratégico personal.
Porque la realidad estará allí donde ese parásito del ser se pasee gozando de su inanidad
en tanto miseria sonora de estos versos y más allá del lenguaje y del espacio que me sustraiga mañana cuando como un cuerpo sin la mitad de su abulia
despojado de la rutina que lo habita
en cualesquiera de esos medio-espacios, defectuosas copias de acá adentro y, por lo tanto, ruinas
antes, después y durante su construcción algunos de mis puntos de destino cuando me vaya y no me vaya de aquí.


Reescrito de acá

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