lunes, mayo 04, 2009

La incertidumbre como estado permanente

Una poética de lo menor
Sobre la poesía de Carlos Battilana

Copio algunos fragmentos del ensayo que escribí para Plebella:

... podemos pensar que el hilo que recorre toda su obra es la incertidumbre como estado permanente.

(...)

En El fin del verano el yo poético ordena las cosas a su alrededor como en un intento de restaurar un orden perdido. Quizá de forma paradójica, por un lado se muestra rendido, sucumbe ante todo, incluso frente a la eficacia de las palabras, y por el otro, en lo único que cree es en la palabra, de manera tan cierta que hasta la naturaleza participa en su afán de domesticarla: “el viento trabaja/ a mi favor”. Así, frente a la imposibilidad de las cosas, frente a los hechos que avanzan, la memoria parece ser la única capaz de restaurar ese orden mítico, perdido: “Reúno escenas en las que hilos de un espejo me sorbían”. Las acciones consisten en cosas mínimas, orientadas a la búsqueda de un estado de calma, pero la calma es algo que difícilmente pueda alcanzarse; el texto muestra una tensión en la que a veces parece avecinarse una fatalidad: “Los hechos se destrozan con el tiempo/ y nada los vuelve/ posibles.”

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Tal vez El lado ciego intente responder ciertas cuestiones que fueron abiertas en El fin del verano. Mediante la pregunta “¿Qué otra intención al desgano perdura a mi silencio?” el yo poético se abre paso a una serie de respuestas acerca del lugar al que nos conduce ese agotamiento, enmarcado entre lo físico y lo espiritual. Pero, ¿qué hay detrás de la figura de la debilidad? ¿Qué hay detrás de ese aparente desgano, esa inmovilidad pasiva frente a los acontecimientos que suceden alrededor de uno? Frente a un sujeto sin fuerzas, la figura de la debilidad se convierte en una abstracción que muestra otra cara.
Pensar en la incertidumbre es también pensar en la pérdida del control; ser débil es también darse cuenta de lo efímero y lo pequeño de la vida humana y el sujeto poético, frente a esto, no puede reaccionar: “Si mira el entorno, desfallece.”; “Si respira un poco más, desfallece.” El verbo desfallecer en este contexto es acaso la pérdida de esperanza o quizá, la búsqueda de lo menor: “En otoño es cuando está bien. Porque todo se achica.” Pero el sujeto poético no sucumbe sino que sigue intentando: “Cubre de lisa perfección todo aquello que lo intimida.”

(...)

La debilidad sería como caer en el vacío, pero habitar ese vacío es a la vez la única solución posible para el yo lírico. Uno de los principios del Tao Te Ching de Lao Tsé es justamente ese, mantener la quietud, no oponerse a las cosas sino dejar que las cosas sucedan (ese estado se denominaría wu-wei). De esta manera, la filosofía oriental concibe el estar quieto como algo superior, ya que en ese estado, todo el resto de las cosas acontece. Frente al sujeto inmóvil que aparece en los poemas avanza sin embargo el tiempo de la escritura; y en ese modo casi inhumano de avanzar hay un intento de ordenar algo imposible: “Con las letras de las palabras, ordena el mundo. Pero el mundo está hecho de materias, de desvíos, de bloques irrespirables.”

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Pareciera que el único orden posible es el de la literatura. El verso “Leo a Pasolini, ordeno.” nos muestra, no sin cierta ironía, una secuencia en la que después de la lectura viene la claridad. Sin embargo, en la medida en que el hablante toma conciencia de la importancia de la escritura aparece el terror a nombrar: “y mientras otros / han hablado, han anotado / su nombre en un lugar, / yo todavía, horrorizado por la espera, / declino / con ansia.” Nuevamente la situación es de inacción, ante el horror de la espera, el sujeto poético renuncia a la tarea de escribir. El motor de la escritura es entonces encontrar qué es lo que rodea a ese padecimiento: “Calibrar / con precisión/ aquello / que como un gusano / roe / lo más preciado / del dolor”.

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La tarea que se intenta llevar a cabo en los poemas quizá sea una progresiva internación en un clima espeso; buscar en lo minúsculo, en lo imperceptible, lo grande: “Hace del instante su mayor tesoro” (El lado ciego). Ya en la Poética del espacio Bachelard nos mostraba que “en la miniatura los valores se condensan y se enriquecen”.
Nos enfrentamos a una descripción realista de los hechos, que descree de los adjetivos: “Sobre el fin de la calle / rumbo al cuartel / hay un asador” y la descripción discurre lentamente hacia el espacio de la familia, la micropolítica. La mirada es lírica: “No hay nada que temer / estamos abrazados por el campo” / el mundo acontece en ese punto / minúsculo del universo”. “Ese punto minúsculo del universo” se transforma en el recuerdo de la infancia que entra en consonancia con lo que una vez contaba Arnaldo Calveyra: “cosas que me pasaron durante la infancia me están sucediendo recién ahora.”

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La escritura, entonces, aparece en el momento de la elaboración de los hechos. No importa tanto la anécdota sino el recuerdo de esa anécdota, por más que sea incompleto. Es justamente en esa incompletud, en esa elección azarosa en la que se le da más importancia a un hecho frente a otro donde se intenta llegar a lo real. En los poemas de Battilana vemos que es en el recuerdo donde aparece lo real: “recreo el instante/ en que mi padre/ distribuye la carne”. El sujeto poético habita un presente donde nos muestra cómo es posible convivir con la incertidumbre cuando la única herramienta que se tiene a mano es la escritura. Hay en los poemas intentos desesperados por definir la incertidumbre, intentos que se saben fallidos de antemano, pero que a pesar de todo atraviesan la incompletud del lenguaje.

Nurit Kasztelan

4 Comments:

Blogger nv said...

qué buen trabajo nu! me encantó la cita de calveyra

12:07 p. m.  
Blogger Nurit said...

Gracias nova!

2:14 p. m.  
Blogger Eugenia Prado Bassi said...

hola querida, si recibí tu mail, me contabas de que estaban incursionando en la narrativa, pero te lo respondí, sabes que hubo problemas acá con vtr y algo pasó con los correos electrónicos,

que bien entonces, seguimos conectadas,

abrazos
eugenia

1:05 p. m.  
Blogger Nurit said...

Hola eugenia!
Nunca me llegó tu respuesta. Debe haber pasado como la primera vez que intentamos reestablecer contacto. Se ve que nuestro vínculo tiene que funcionar así, interumpido cada tanto.
Sigamos en contacto a la vez que odiamos a nuestros servidores.
Después te escribo.
n.

8:50 a. m.  

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