jueves, mayo 14, 2009

Madariaga en su idioma

Transcribo fragmentos de una entrevista al poeta Francisco Madariaga.

(La entrevista la realizaron Alejo González Prandi, Andrés Haedo y Celedonio Torres Avalos)

"Mi primer poema lo escribí a propósito de un viaje en tren. Me acuerdo que este tren paraba en la estación de Concordia. Estando en el camarote, junto enfrente de la casa “del inglés”, que era el jefe de la estación, donde tenía un gran jardín, veo un busto de Venus. Entonces, le pregunto a mi mamá y ella me dice: “es un busto de Venus, que era una diosa griega”. Así surgió mi primer poema. Lo conservo por ahí. Nunca lo publiqué. La imagen de un busto, visto en un jardín, desde el tren.

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...el surrealismo europeo abolió el paisaje en su poesía en nombre del rechazo de la hipertrofia de la razón, en nombre de la rebeldía. Se olvidó del paisaje, salvo el caso...

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No viviría en Corrientes, porque aparte de amarlo le tengo miedo. Un terror inexplicable, por esa imagen del far west, de la violencia. Y no solamente por eso. Por los mitos, por la brujería y una serie de cosas. Lo adoro pero le tengo pánico, y eso que siempre me fue bien, porque aprendía a conocer el gaucho más violento. No lo domino en sentido de poder, sino que sé cómo manejarlo. Me lo enseñó mi padre. A parte le hablo en el idioma de ellos, el guaraní.

(...)

Un día de invierno, a las seis de la mañana, salimos con Olga Orozco, mi mujer de ese momento, y otros amigos de la casa de Girondo, después de una de esas festicholas tremendas. Estábamos un poquito pasados de copas. Íbamos por la avenida Alem gritando (hacía poco que había caído Perón), y en eso nos para la policía. A mí se me ocurre decirle a uno de ellos: “Aténgase a su oficio. Mire nada más que el documento y váyase”. Como era de esperar terminamos todos en la comisaría, en los calabozos, que estaban llenos de putas borrachas que cantaban y gritaban. Y Olga, que era muy buena cantora de tangos, dice: “Buenos muchachos, vamos a divertirnos”. Entonces, empezó a cantar a gritos tangos, mientras que las putas le contestaban del otro lado, aplaudiéndola. Así todo una noche. Por último, conseguimos comunicarnos con Girondo, que aparece al día siguiente con un abogado para rescatarnos. Lo lindo era el intercambio porque las putas aplaudían cuando Olga cantaba.