lunes, noviembre 26, 2007

Uno de Rocío Pichon Rivière

Ella tiene el mismo problema que tenía Derridá. Su escritura (excelente por cierto) roza constantemente el límite entre la filosofía y la literatura.

Pocos son capaces de mezclar el concepto del Dasein con una canción de Celia Cruz y lograr mostrar algo que a la vez nos ni de Heidegger ni de Celia, sino propio.

Porque ella afirmó: “El cuerpo es lo que el cuerpo puede.

Quizás por esto, a veces, el pasado parece un sueño. Porque las posibilidades eran otras. Mi cuerpo era otro. A veces el cuerpo no responde.

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En una película, una chica, una bailarina, explica por qué ya no puede bailar: dice No se puede bailar con el corazón roto.
Antes habitaba un mundo en que sus piernas eran así. Respondían a un llamado que hoy no comprende. Quizás lo comprendía entonces. Y es que si no lo hubiera comprendido, ¿cómo habría bailado de esa forma?
A qué respondían sus piernas, a qué no respondían, era una danza. Algo gobernaba los desplazamientos. Algo irrepetible.Es irrepetible porque ahora no podría suceder. Porque ahora, estas piernas, tienen otro poder. Otras posibilidades. ¿Otras? Y sí. Despertó a otra galaxia. A otro mundo. A uno en que ya no puede bailar de determinada manera, a un ahora en que no es posible acompañar el brazo con ese gesto, en esa situación. Pestañear, combinar un pestañear con un reír con una mano sobre la rodilla, con un movimiento de cuello, así y en este momento no es posible. No ahora. No ahora ya. Quizás en un rato. No lo sabe. Tanto no sabe. Pero ¿ahora ya subirse sobre la mesa sin más? no. Cree saber por qué no. Ahora no. No ya. Ahora ya no. Pero quizás más tarde. Y qué no es posible así, diciendo ahora ya no, quizás después.

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¿Qué es el cuerpo?

El cuerpo es lo que el cuerpo puede ahora. El cuerpo está configurado por sus posibilidades reales en un momento dado. La comprensión de la que habla Heidegger, entonces, puede entenderse como una comprensión del cuerpo.

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El cuerpo no es para sí mismo una cosa en sí. Ni siquiera es un objeto en sentido fenomenológico para una conciencia. El cuerpo no se conoce a sí mismo, se siente a sí mismo y lo que siente es lo que hay: No tiene expectativas falsas; tiene deseos que pueden frustrarse.

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El chico sube al trampolín y mientras sube, su cuerpo siente que se va a tirar. Cuando llega el momento sus piernas paralizadas le hacen sentir que no. Que mejor no. Que de ninguna manera.El cuerpo no estaba equivocado. El cuerpo no se equivoca. Era demasiado pronto. Caminando hacia la escalera era posible todavía, era demasiado pronto todavía para saber más que eso. En la escalera, acaso, sus piernas vacilaron. Entonces era menos posible. Arriba, desde la altura, ya no era posible. Las posibilidades cambiaron.
No había, inicialmente, un juicio equivocado. Lo que había en ese momento era un cúmulo de emociones respecto de lo que podía pasar unos momentos después. Lo que había antes de subir era otro cuerpo, otras posibilidades. El chico subió esa escalera hacia otro cuerpo. Arriba, frente al abismo, sintió miedo. Miedo al agua, sí, pero también, una emoción nueva (el miedo) daba cuenta de un cuerpo nuevo; hacía patente la presencia, en él, de un otro: Ese hombre más cobarde ahora es él."

El texto completo, acá

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