Ser una prímula

Si viviese en el fondo del mar, sería una medusa. De esas que tienen tentáculos azules y que pueden sobrevivir tanto si están solas como si están acompañadas.
Lo que sí, conservaría algo de ese sesgo mitológico: sería capaz de convertir a cualquiera que me mirara en piedra. Pero esta habilidad no la usaría, me la guardaría para mí. Sería mi secreto. Y así, me sentiría poderosa.
Sería completamente transparente, aunque me metalizaría con el agua: mis tonalidades variarían entre los azules, rosas y violetas. Viviría en los mares cálidos, por supuesto, no soportaría el agua de deshielo.
Haría el amor como el proceso de nacimiento de otra medusa. Como si el objetivo fuera solamente volvernos plánula. Funcionar como lucecitas intermitentes que solo responden a los estímulos del instante. Volverme líquida en el acto. Ser una prímula.
Etiquetas: Imagen: Lucía Spotorno

